30 diciembre, 1989

Fase cero

 
Imagina que tus días durasen cuarenta y ocho horas, o cien, o doscientas. Imagina que cada segundo que vivieras, se repitiera diez o veinte veces antes de continuar. Así vive Fase cero.
--------------------------
 Poco después de cumplir los 16, Ariadna Serra Riera tuvo un accidente de coche que casi le cuesta la vida a ella y a su padre. Permaneció en coma durante más de ocho años. Sus amigos se terminaron olvidando de ella, sus padres separados y una fina y débil esperanza de que siquiera llegara a salir del coma.
 Ari empezó a percibir lo que sucedía a su alrededor, y a pesar de tener los ojos cerrados, escuchaba las mismas palabras una y otra vez, como un bucle. La enfermera entrando en la habitación, comprobando que todo estaba bien y saliendo segundos después. De nuevo entraba y realizaba las mismas acciones, como sumida en un trance, aunque cada vez parecía llegar un poco más lejos en ese repetitivo ritual.
 No tardó demasiado en empezar a ignorar su alrededor para evitar perder la cordura. Se encontraba atada a una cama, sin posibilidad de comunicarse, sin nada que hacer y con los recuerdos de una chica de 16 años.
 Pensó en sus amigos, su familia y sus triviales problemas. Recordó el accidente traumático cientos de veces. Finalmente se limitó a recordar, revivir y rejugar partidas de ajedrez en su cabeza.
 Las noches, si es que eran noches, le parecían eternas. En esa oscuridad absoluta era incapaz de saber si estaba durmiendo o despierta, y cuando creía despertar, tenía la sensación de haber dormido durante semanas.
 Intento con todas sus fuerzas comunicarse, mover una mano, un dedo o lo que fuera, pero no fue hasta años más tarde, justo cuando intentaban desconectarla, que fue capaz de abrir los ojos.
 Revivió cientos de veces el reencuentro con el borrón que parecía ser su madre y el asombro del médico. Tuvieron que sedarla las primeras veces, pero aprendió que debía permanecer calmada si quería evitar los pinchazos.
 Seguía con la vía en la tráquea impidiéndole hablar, y su vista parecía funcionar de forma extraña, con gamas cromáticas sobresaturadas e incluso colores que no deberían estar ahí.
---------------


Ari tiene el lóbulo occipital dañado, lo que le provoca de vez en cuando alucinaciones, colores alterados y formas cambiadas o incluso la pérdida total de visión cromática.
 Además de eso, su lóbulo temporal parece haber sido alterado de forma que su percepción de lo que escucha, ve y recuerda, se ha intensificado de tal forma que el tiempo parece fluir de forma diferente para ella.
 Cada vez que pasa un segundo, es capaz de percibir, según su estado actual, varios segundos o incluso minutos extra de lo que está por suceder.
 Ejemplo: Durante un instante alguien le hace una pregunta. El tiempo sigue, ella respondió, y acto seguido el tiempo a su alrededor parece volver al instante en el que terminaba de hacerle la pregunta, pero ella ya sabe cuál sería la reacción de la otra persona.
 Es decir, el mundo ha avanzado 1 segundo, pero ella ha experimentado los proximos 30. Eso le permite cambiar respuestas, adelantarse a acontecimientos  o sencillamente disfrutar o sufrir de pocos segundos durante varios minutos.
 No es un poder que sea capaz de controlar, pero la percepción temporal parece no ser una medida exacta, y va variando según su estado físico y mental.